
La irrupción del partido Se Acabó la Fiesta (SALF), impulsado por Alvise Pérez, ha introducido una dinámica electoral singular en la política española: la aparición de una fuerza que canaliza voto de protesta y que, incluso sin convertirse en un actor mayoritario, puede alterar el equilibrio entre bloques.
Este fenómeno ya se había observado en las elecciones europeas de 2024 y vuelve a aparecer en los resultados de las recientes elecciones autonómicas de Castilla y León, donde el partido ha influido indirectamente en el reparto final de escaños.
El precedente de las elecciones europeas
En las elecciones europeas de 2024, el Partido Popular ganó los comicios con cerca de 6 millones de votos y 22 eurodiputados, mientras que el PSOE obtuvo alrededor de 5,3 millones de votos y 20 escaños.
Por su parte, Vox consiguió aproximadamente 1,67 millones de votos y 6 eurodiputados.
La sorpresa electoral fue SALF, que logró casi 800.000 votos (4,6 %) y tres escaños en el Parlamento Europeo, convirtiéndose en una de las novedades del mapa político español.
Aunque inicialmente se interpretó que esos votos procedían mayoritariamente del espacio político de la derecha, distintos análisis señalan que una parte relevante de ese apoyo provino también de votantes desencantados con partidos de izquierda como PSOE, Podemos o Sumar, que optaron por una candidatura de protesta en lugar de apoyar a los partidos tradicionales.
Ese fenómeno tuvo un impacto político claro: los votos captados por SALF no se trasladaron en su mayoría al PP ni a Vox, lo que contribuyó a que la victoria del Partido Popular no fuera aún más amplia.
De haberse concentrado esos apoyos en el bloque de la derecha, el resultado podría haber sido distinto:
- El PP podría haber ampliado su ventaja en escaños sobre el PSOE.
- Vox habría tenido margen para aumentar su representación más allá de los seis eurodiputados obtenidos.
En ese sentido, la irrupción de SALF actuó como un contenedor de voto de protesta, evitando que parte del electorado descontento con la izquierda se desplazara hacia partidos del bloque de la derecha.
Es importante subrayar que esto no significa que SALF sea una “marca blanca” del PSOE ni que exista una relación política entre ambos. Sin embargo, el efecto electoral de su aparición termina beneficiando indirectamente al bloque de la izquierda al contener parte del voto de protesta que, en ausencia de esa candidatura, podría haber terminado reforzando a partidos de la derecha.
Castilla y León: pocos votos, pero decisivos
Este efecto indirecto se ha vuelto a observar en las elecciones autonómicas de Castilla y León.
En estos comicios, SALF obtuvo 17.332 votos (1,40 % del total) y no consiguió representación en las Cortes autonómicas. Sin embargo, esos votos tuvieron un impacto relevante en el reparto final de escaños.
En provincias como Valladolid, Segovia y Zamora, Vox se quedó a muy pocos votos de lograr el último procurador en disputa. En esas circunscripciones, la candidatura de SALF obtuvo más votos que la diferencia que separó a Vox de esos escaños.
Si esos votos se hubieran concentrado en Vox, el partido podría haber logrado hasta tres procuradores adicionales.
El resultado final de las Cortes de Castilla y León quedó de la siguiente forma:
- PP: 33 escaños
- PSOE: 30 escaños
- Vox: 14 escaños
- UPL: 3 escaños
- Por Ávila: 1 escaño
- Soria Ya: 1 escaño
Esos escaños que Vox rozó en varias provincias terminaron en manos del PSOE, modificando el equilibrio parlamentario.
El peso del voto de protesta
La experiencia reciente muestra cómo la aparición de nuevas formaciones puede influir en el resultado electoral incluso cuando estas no obtienen representación significativa.
SALF ha demostrado que un partido capaz de captar voto de protesta transversal puede alterar el reparto de poder, ya sea evitando el trasvase de votos entre bloques ideológicos o fragmentando el voto en determinadas circunscripciones.
En un sistema electoral como el español, donde los escaños se deciden en circunscripciones provinciales y por márgenes reducidos, incluso pequeños porcentajes de voto pueden resultar decisivos.
El caso de las europeas de 2024 y el ejemplo reciente de Castilla y León muestran cómo la irrupción de nuevas fuerzas políticas puede modificar el resultado final de unas elecciones más allá de su peso real en escaños.


