Pensar que Venezuela puede volver a la democracia solo con la salida de Nicolás Maduro es una ilusión peligrosa. No porque Maduro no importe, sino porque no gobierna solo. El chavismo no es un caudillismo personalista: es una dictadura de cúpula, un sistema de poder compartido que sobrevive aunque caiga su figura más visible.
Mientras esa cúpula siga intacta, Venezuela no será libre.
El error de fondo es confundir rostro con estructura. El poder real del régimen no reside únicamente en la Presidencia, sino en una red que controla el partido, la Fuerza Armada, la inteligencia, la justicia y las economías ilícitas. Si esa red permanece, el sistema se reacomoda y continúa.
La cúpula manda, no un solo hombre
La continuidad del régimen depende de actores con poder operativo propio, entre ellos:
- Diosdado Cabello, como eje del control político y de coerción interna.
- Vladimir Padrino López, garante del sostén militar.
- Delcy Rodríguez, clave en la gestión del Estado, la diplomacia y el blindaje internacional.
Mientras estos pilares conserven poder, impunidad e incentivos, no hay transición posible. Quitar a Maduro sin desmontar esta cúpula no es cambio de régimen, es reemplazo administrativo.
La transición no es un gesto: es un quiebre real
Por eso, una transición democrática no puede limitarse a la salida de un nombre. Debe implicar:
- Desplazamiento efectivo de la cúpula del poder,
- rendición de cuentas conforme al derecho,
- fin de la impunidad estructural,
- y restitución plena de derechos políticos.
Sin ese quiebre, el Estado sigue secuestrado, aunque cambie el despacho presidencial.
Elecciones reales y liderazgo legítimo
La transición solo puede abrirse con elecciones libres, competitivas y verificables, y eso exige reparar una exclusión central: María Corina Machado fue censurada e inhabilitada pese a ser la líder con mayor respaldo ciudadano de la oposición democrática. Un proceso que excluye a quien representa a millones no es democrático.
Este nuevo ciclo debe reconocer ese liderazgo y permitir que la soberanía popular se exprese sin vetos ni tutelas. Cualquier elección sin competencia real solo legitima la continuidad del sistema.
Conclusión
Venezuela no será libre mientras la cúpula del régimen siga en el poder, aunque Maduro no esté.
No habrá democracia sin desmontar el entramado, sin responsabilidad jurídica, sin elecciones auténticas y sin liderazgo legítimo.
Quitar a un hombre no derriba una dictadura.
Derribar una dictadura exige desmontar a quienes la sostienen.