El diputado de Vox en la Asamblea de Melilla, José Miguel Tasende, ha recorrido la Avenida Juan Carlos I, principal eje comercial de la ciudad, para comprobar sobre el terreno el deterioro del tejido económico y la pérdida de actividad en su calle más emblemática.
Durante el recorrido, Vox contabilizó 17 locales cerrados (una cifra que podría ser mayor si alguno se escapó). Se trata de cierres de todo tipo: entidades bancarias, tiendas de ropa, platerías, estancos, comercios de deporte, nutrición, ferreterías y otros negocios que durante años dieron vida a la Avenida y hoy permanecen con la persiana bajada.
Tasende advirtió de que “no estamos ante casos aislados, sino ante un síntoma: el comercio tradicional se está desangrando y no se ve relevo”. Según explicó, la ausencia de nuevos proyectos que sustituyan a los negocios que cierran “es el mejor termómetro de que Melilla va a peor, y de que muchos jóvenes ya no ven futuro aquí y se marchan a otras ciudades de España”.
Vox habló con varios comerciantes, que señalaron dos causas recurrentes:
La primera, los costes fijos para abrir y mantener un local: “Los alquileres son altos y un empleado sale caro”, resumieron. Los propios comerciantes estiman que un trabajador supone, como mínimo, unos 2.000 euros al mes para la empresa, aunque el empleado perciba alrededor de 1.200 euros, al sumar Seguridad Social, pagas extra y otros conceptos.
La segunda causa, especialmente grave en una ciudad fronteriza, es el funcionamiento actual del paso y el régimen de viajeros: se permite que los melillenses compren en Marruecos y entren mercancía para consumo propio, pero no se permite que el visitante marroquí haga lo mismo en Melilla. “Es un sistema profundamente injusto: de Melilla para Marruecos no pasa ni un yogur”, trasladaron a Vox varios comerciantes.
Tasende subrayó que este desequilibrio provoca un daño directo y medible: “Cada euro que se gasta al otro lado es dinero que sale de España y que, además, deja de facturarse aquí”. A modo de ejemplo, explicó que si un vecino cruza por Beni Enzar y compra fruta, pan, una camisa y unas gafas de sol por 150 euros, “esas divisas se van
fuera y esos productos dejan de venderse en Melilla”. “La situación solo se compensaría si el flujo comercial fuera recíproco, pero hoy no lo es”, añadió.
Los comerciantes consultados fueron contundentes: con las reglas actuales, “sería mejor cerrar la frontera” antes que mantener un sistema que, en la práctica, favorece la salida de gasto y castiga a los negocios melillenses. Vox considera que el efecto del actual esquema aduanero y del régimen de viajeros es lesivo para el comercio local y agrava la pérdida de empleo.
Por ello, Vox exige a las administraciones competentes (Gobierno central y local), que adopten medidas urgentes para reactivar el centro: alivio de cargas y costes para el pequeño comercio, apoyo real a la contratación y una revisión del modelo fronterizo para garantizar un trato justo y equilibrado. “La Avenida Juan Carlos I no puede convertirse en un escaparate de persianas bajadas. O se actúa ya, o Melilla seguirá perdiendo actividad, empleo y futuro”, concluyó Tasende.