Pedro Sánchez ha convocado elecciones anticipadas para el 29 de noviembre después de la derrota parlamentaria sufrida con los decretos de vivienda. La campaña arranca con PP y VOX por delante en las encuestas privadas, pero hay una variable que puede terminar siendo tan importante como la intención de voto: la abstención.
En España, la participación en unas generales puede cambiar con enorme rapidez. En 2016 votó alrededor del 66,5% del electorado; en abril de 2019 la participación subió hasta cerca del 71,8%; solo siete meses después, en noviembre, cayó nuevamente hasta alrededor del 66,2%. En 2023, entre los residentes en España, volvió a situarse en torno al 70,4%.
La diferencia entre una elección con un 66% de participación y otra con más del 71% son millones de papeletas.
Y ahí puede estar una de las grandes apuestas de Sánchez.
No necesita quitar todos los votos al PP
Las encuestas privadas siguen siendo claramente adversas para el bloque gubernamental. El último 40dB, realizado antes del desenlace parlamentario de los decretos, coloca al PP en el 31,6%, PSOE en el 27,4% y VOX en el 18,4%. PP y VOX suman conjuntamente el 50%, mientras Sumar y Podemos continúan debilitados.
Eso significa que Sánchez difícilmente puede plantearse la campaña únicamente como una transferencia directa de votos desde PP y VOX hacia el PSOE.
Su oportunidad puede estar en otro sitio: recuperar a quienes ya votaron a la izquierda pero hoy están desmovilizados, indecisos o pensando quedarse en casa.
Antiguos votantes socialistas, electores de Sumar o Podemos, jóvenes y ciudadanos afectados por el precio de la vivienda forman una bolsa electoral que puede alterar considerablemente la fotografía actual.
La vivienda puede ser el detonante
La convocatoria llega justo después de que PP, VOX y Junts tumbaran los dos decretos de vivienda impulsados por el Ejecutivo y después de varios días de movilizaciones en las calles. El Gobierno ya ha anunciado además nuevas medidas de vivienda para esta misma semana.
El mensaje político que puede intentar construir el PSOE es sencillo:
“Intentamos responder al problema de la vivienda y nos lo bloquearon.”
La oposición tendrá otro:
“Sánchez lleva años gobernando y la crisis de vivienda se ha agravado durante su mandato.”
La campaña puede girar en buena medida alrededor de cuál de esas dos interpretaciones consigue imponerse.
El precedente que PP y VOX no deberían olvidar
En 2023, Alberto Núñez Feijóo ganó las elecciones. Pero no gobernó.
El PP consiguió más votos y más diputados que el PSOE, pero PP y VOX no alcanzaron los 176 escaños necesarios. Sánchez, segundo en las urnas, reconstruyó después una mayoría parlamentaria con sus socios.
Ese precedente vuelve a ser fundamental.
El objetivo de Sánchez el 29-N puede no ser necesariamente quedar primero.
Puede ser impedir que PP y VOX alcancen la mayoría absoluta.
Si el bloque de la derecha se queda por debajo de 176, vuelve a entrar en juego toda la aritmética posterior: PSOE, izquierda alternativa, ERC, Bildu, PNV, BNG y, dependiendo del resultado, Junts.
Por eso una victoria electoral de Feijóo no garantiza automáticamente las llaves de La Moncloa.
Cinco puntos de participación pueden cambiar una elección
La historia reciente demuestra que la movilización puede variar muchísimo.
Entre abril y noviembre de 2019, la participación cayó aproximadamente 5,5 puntos en apenas siete meses.
Ese movimiento significó cerca de dos millones menos de votantes.
La campaña del 29-N tendrá por tanto una batalla paralela a la de PP contra PSOE:
quién consigue que los suyos vayan realmente a votar.
Si Sánchez logra elevar la participación entre sectores progresistas hoy desmovilizados, puede reducir considerablemente la ventaja que muestran actualmente las encuestas.
Pero también existe el efecto contrario: VOX está creciendo y puede movilizar nuevos votantes, especialmente entre determinados sectores jóvenes. El aumento de participación no tiene color político automático.
La elección puede decidirse fuera de las sedes de los partidos
El 29 de noviembre no se decidirá únicamente entre quienes hoy contestan PP, PSOE o VOX en una encuesta.
También la decidirán quienes hoy responden:
“No sé.”
“No voy a votar.”
“Ninguno.”
Ahí puede estar el verdadero campo de batalla.
Sánchez ha elegido adelantar las elecciones cuando las encuestas no le son favorables. Eso convierte la convocatoria en una apuesta de alto riesgo: necesita que la campaña modifique la participación, no simplemente que confirme la intención de voto existente.
La vivienda puede ser el asunto con el que intente conseguirlo.
Y ese puede ser el gran error de quien dé por hecho que el resultado ya está escrito.
PP y VOX parten con ventaja. Pero hasta que no sepamos quién se queda en casa y quién decide levantarse para votar, la mayoría de 176 sigue siendo la única cifra que realmente importa.


