Actualidad Política

30 de marzo de 2026

Archivo de la etiqueta: Delcy Rodríguez

En una intervención reciente en el programa “La Katuar”, político argentino Álvaro de Lamadrid ofreció un análisis punzante y sin concesiones sobre la situación política que atraviesa Venezuela tras los hechos que han marcado el inicio de 2026 y el manejo de la crisis por parte de actores internos y externos.


Una libertad por encima de la “estabilidad”

Al responder a las inquietudes planteadas en el espacio, Álvaro de Lamadrid fue crítico con las interpretaciones superficiales de la situación venezolana, especialmente con las que privilegian la “estabilidad” económica por encima del restablecimiento de la libertad y de las instituciones democráticas.

“El pueblo venezolano no necesita una seudo estabilidad ni un régimen que funcione como una máquina rentable para otros”, afirmó Lamadrid.
“He escuchado análisis que solo describen aspectos superficiales, pero lo que Venezuela necesita es libertad, no acomodarse a un modelo en el que el régimen sigue intacto bajo nuevas formas.”


Críticas a la continuidad del chavismo y a Delcy Rodríguez

De Lamadrid fue tajante al referirse al papel de Delcy Rodríguez, quien asumió provisionalmente la presidencia tras la ausencia de Maduro a inicios de enero de 2026. Aunque reconoció la complejidad del momento político, aseguró que la presidencia de Rodríguez, es igualmente ilegítima como la de Maduro.

“La continuidad de figuras como Delcy Rodríguez pone todas las alarmas encendidas”, señaló de Lamadrid, al tiempo que recordó que tanto Maduro como Rodríguez han sido percibidos por el pueblo como parte de un aparato de poder que no representaba su voluntad democrática. En este sentido, enfatizó que ninguna transición auténtica puede soslayar ese hecho.

No hay ánimo de festejo en las calles, porque la represión todavía existe y los mecanismos de control social —colectivos, detenciones arbitrarias, persecución de periodistas y violaciones de derechos— siguen presentes”, dijo de Lamadrid citando testimonios de venezolanos sobre el terreno.


Estados Unidos, Trump y la legitimidad del 28 de junio

Durante la conversación, el político argentino también abordó el papel de Estados Unidos en el contexto venezolano, señalando que la elección de 28 de junio de 2024 no puede ser ignorada ni descartada como si no hubiera ocurrido.
De Lamadrid opinó que, si bien cuestiones geopolíticas, internas y electorales en Estados Unidos —como dinámicas internas del presidente Donald Trump o el posicionamiento de su electorado— influyen en las decisiones sobre Venezuela, no pueden ser excusa para negar la legitimidad del mandato expresado por los venezolanos.

“El pueblo eligió y esa elección no puede ser tratada como si no existiera”, subrayando el peso que dicha voluntad popular debería tener en cualquier proceso de transición y reconstrucción democrática.


Balance y perspectivas

La intervención de Álvaro de Lamadrid en “La Katuar” plantea varias conclusiones clave:

  • Venezuela necesita libertad real, no estabilidad condicional.
  • La continuación de figuras afines al antiguo régimen, como Delcy Rodríguez, no garantiza cambio político auténtico.
  • La represión, intimidación y control social no han desaparecido, incluso tras eventos recientes.
  • La voluntad soberana expresada en las urnas el 28 de junio de 2024 debe ser un referente para cualquier proceso de transición.

Álvaro de Lamadrid cerró su análisis con un llamado a no ocultar la realidad de la vida venezolana detrás de discursos convenientes: “Hay que enfrentar la verdad de frente: Venezuela no necesita una estabilidad pactada, necesita libertad, justicia y un respeto irrestricto a la voluntad popular”.

Su diagnóstico apunta a que, hasta ahora, la situación actual no representa un cambio genuino para el pueblo venezolano, y que la transición política —si va a ser real— debe basarse en la legitimidad popular y no en arreglos de élite.

Esto no va solo de la salida de Nicolás Maduro. Va de cómo se administra el poder cuando un ciclo se cierra sin estruendo. Cuando no hay caos, ni fractura visible en la cúpula, ni quiebre militar, lo que se impone no es una revolución, sino un cierre pactado. Los cambios genuinos incomodan; este ordena.

En ese marco, el foco no debería ponerse en el nombre que abandona el centro del escenario, sino en quién conserva las palancas. Los regímenes no se sostienen por un rostro, sino por una arquitectura. Si esa arquitectura permanece, el sistema no cae: se reacomoda.

Aquí aparece el punto decisivo: Si Delcy Rodríguez sigue al mando —o concentrando la gestión efectiva—, nada cambia. No porque ella lo explique todo, sino porque representa la continuidad funcional del entramado: administración, diplomacia y blindaje institucional. Con esa continuidad, cualquier “post-Maduro” es cosmético.

Por eso, hablar de transición sin desplazamiento real de la cúpula es vender expectativa sin sustancia. El poder no negocia con multitudes; negocia con quienes garantizan orden. Y cuando quienes gestionaron el sistema siguen gestionándolo, el resultado es previsible: estabilidad para arriba, relato nuevo; inercia para abajo, la misma vida cotidiana.

El indicio más revelador no está en los comunicados ni en los gestos públicos. Está en la calma. Nadie atraviesa un final auténtico con serenidad si no cuenta con garantías previas. Esa tranquilidad no nace de la justicia; nace de la certeza de que el costo fue distribuido.

Las transiciones tuteladas no liberan países; los reordenan. Ajustan narrativas, redistribuyen poder, protegen a unos y exponen a otros. El ciudadano entra como argumento, no como decisor. Se promete futuro mientras el reparto se define en despachos.

En síntesis: Venezuela no cambia si la cúpula sigue. Y si Delcy Rodríguez continúa gestionando el poder, la continuidad está garantizada aunque falte un nombre en la fachada. La democracia no llega con un relevo administrativo; llega con ruptura estructural, restitución de derechos y elecciones reales.

Pensar que Venezuela puede volver a la democracia solo con la salida de Nicolás Maduro es una ilusión peligrosa. No porque Maduro no importe, sino porque no gobierna solo. El chavismo no es un caudillismo personalista: es una dictadura de cúpula, un sistema de poder compartido que sobrevive aunque caiga su figura más visible.

Mientras esa cúpula siga intacta, Venezuela no será libre.

El error de fondo es confundir rostro con estructura. El poder real del régimen no reside únicamente en la Presidencia, sino en una red que controla el partido, la Fuerza Armada, la inteligencia, la justicia y las economías ilícitas. Si esa red permanece, el sistema se reacomoda y continúa.


La cúpula manda, no un solo hombre

La continuidad del régimen depende de actores con poder operativo propio, entre ellos:

  • Diosdado Cabello, como eje del control político y de coerción interna.
  • Vladimir Padrino López, garante del sostén militar.
  • Delcy Rodríguez, clave en la gestión del Estado, la diplomacia y el blindaje internacional.

Mientras estos pilares conserven poder, impunidad e incentivos, no hay transición posible. Quitar a Maduro sin desmontar esta cúpula no es cambio de régimen, es reemplazo administrativo.


La transición no es un gesto: es un quiebre real

Por eso, una transición democrática no puede limitarse a la salida de un nombre. Debe implicar:

  • Desplazamiento efectivo de la cúpula del poder,
  • rendición de cuentas conforme al derecho,
  • fin de la impunidad estructural,
  • y restitución plena de derechos políticos.

Sin ese quiebre, el Estado sigue secuestrado, aunque cambie el despacho presidencial.


Elecciones reales y liderazgo legítimo

La transición solo puede abrirse con elecciones libres, competitivas y verificables, y eso exige reparar una exclusión central: María Corina Machado fue censurada e inhabilitada pese a ser la líder con mayor respaldo ciudadano de la oposición democrática. Un proceso que excluye a quien representa a millones no es democrático.

Este nuevo ciclo debe reconocer ese liderazgo y permitir que la soberanía popular se exprese sin vetos ni tutelas. Cualquier elección sin competencia real solo legitima la continuidad del sistema.


Conclusión

Venezuela no será libre mientras la cúpula del régimen siga en el poder, aunque Maduro no esté.
No habrá democracia sin desmontar el entramado, sin responsabilidad jurídica, sin elecciones auténticas y sin liderazgo legítimo.

Quitar a un hombre no derriba una dictadura.
Derribar una dictadura exige desmontar a quienes la sostienen.

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