Redacción.
Iván Espinosa de los Monteros se mueve con la discreción de quien sabe que el tablero puede volver a girar. No está en los planes del PP ni de VOX, pero sí podría estar en los suyos. Y su fundación, Atenea, empieza a parecer algo más que un think tank.
Cada nuevo barómetro lo confirma: la política española vive congelada entre bloques. El PP y el PSOE se reparten el centro del tablero, mientras VOX consolida su espacio en ascenso. Juntos, los populares y los de Abascal ya suman 176 escaños, la mayoría absoluta. Pero no gobiernan.
Feijóo no quiere depender de VOX; Abascal no quiere ser el segundo. Ambos se necesitan y se repelen. Y así, España vuelve a ser rehén de una paradoja: hay mayoría, pero no gobierno.
En medio de esa parálisis, Iván Espinosa de los Monteros ha vuelto a escena con una serenidad que contrasta con el ruido general.
Desde Barcelona, lanzó un mensaje claro: “PP y VOX deben ponerse de acuerdo, les guste o no.”
No fue una frase improvisada, sino la primera pieza visible de una estrategia más amplia. Espinosa no compite por liderar un partido, sino por representar una idea: la de una derecha capaz de gobernar sin avergonzarse de sí misma.
El regreso medido
Desde que dejó su escaño en 2023, Espinosa se ha movido con precisión quirúrgica. No ha roto con VOX, pero tampoco lo obedece. No se ha acercado al PP, pero empieza a generar respeto en sus filas.
Su discurso es institucional, liberal, promercado, y lo suficientemente templado como para no asustar a nadie.
En una derecha acostumbrada al choque, Espinosa encarna algo que escasea: credibilidad sin estridencia.
A través de la Fundación Atenea, ha construido una plataforma de pensamiento que ya funciona como punto de encuentro entre empresarios, exdirigentes y analistas del espacio liberal-conservador. En apariencia, un think tank más; en realidad, un lugar donde se rearma culturalmente la derecha, y donde se empieza a perfilar un proyecto político alternativo.
El escenario posible
Hoy, ni el PP ni VOX contemplan la posibilidad de que Espinosa de los Monteros encabece un gobierno de unidad.
No está en los planes de ninguno.
Pero podría estar en los suyos.
El escenario sería el siguiente: Feijóo gana, pero no logra gobernar. El bloqueo se repite. Y entonces, alguien propone una salida “técnica”, una figura de consenso que sume a la derecha sin desgastarla.
Espinosa encajaría como anillo al dedo: un exVOX con lenguaje institucional, un liberal que no incomoda a Bruselas, un conservador con tono civilizado.
Sería, en cierto modo, una versión política del movimiento de Abascal cuando en 2023 propuso a Ramón Tamames para la moción de censura: ceder el protagonismo para salvar el mensaje.
Solo que, esta vez, la cesión podría ser real y con poder efectivo.
Un plan a medio plazo (o antes)
Espinosa juega a largo plazo, pero no descarta el corto.
Atenea no es solo un espacio de debate; es un instrumento de influencia.
Su objetivo parece claro: posicionarse como el rostro moderado de una derecha cansada de los egos.
De cara a 2027 —o antes, si la legislatura de Sánchez se desmorona—, podría ser el nombre que PP y VOX miren cuando necesiten un punto de encuentro.
Nada de esto está formalmente escrito. Pero en política, las posibilidades empiezan a existir en el momento en que alguien se atreve a nombrarlas.
Y Espinosa ya lo hizo: pidió públicamente que PP y VOX se entiendan “les guste o no”. Fue un aviso. Una señal de que está dispuesto a ocupar el espacio que ambos líderes dejan vacío.
El liderazgo que no grita
En un país cansado de los gritos y las trincheras, Espinosa de los Monteros parece entender que el próximo liderazgo no será el del más ruidoso, sino el del más sensato.
Un líder que no necesite humillar a su socio para gobernar.
Un político que entienda que la derecha solo podrá volver al poder si deja de competir consigo misma.
Feijóo y Abascal suman una mayoría. Espinosa, una alternativa.
Y el día que ambos decidan dar un paso atrás, él ya habrá dado el primero hacia adelante.


