Actualidad Política

9 de octubre de 2026

Feijóo se juega La Moncloa y Ayuso puede terminar ganando Génova.

Isabel Díaz Ayuso no compite en las elecciones generales del 29 de noviembre. No encabeza ninguna lista nacional, no se juega la Presidencia del Gobierno y tampoco pone en juego todavía la Comunidad de Madrid. Sus elecciones llegarán en 2027. Y precisamente por eso puede ser una de las dirigentes que más tenga para ganar con el adelanto electoral.

El foco inmediato estará puesto sobre Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal, pero en política también importa quién observa la batalla desde una posición relativamente protegida. Ayuso llega a este nuevo escenario sin tener que exponerse directamente y con un calendario propio por delante.

Para Feijóo, en cambio, estas elecciones pueden convertirse en definitivas. En 2023 ganó las generales, pero no logró formar Gobierno. Si el 29 de noviembre vuelve a quedar primero y consigue llegar a La Moncloa, su liderazgo quedará reforzado y cualquier debate sucesorio en el PP desaparecerá durante años. Pero si gana nuevamente y vuelve a ser incapaz de reunir una mayoría para gobernar, la situación será completamente distinta.

Una vez puede explicarse como una anomalía parlamentaria. Dos veces comenzarían a parecer un problema político.

Feijóo no tendría obligación automática de abandonar la presidencia del PP, pero después de dos victorias electorales sin Gobierno sería inevitable que dentro del partido apareciera una pregunta incómoda: ¿puede seguir liderando el proyecto quien consigue ganar las elecciones pero no consigue transformar esas victorias en poder?

Y es ahí donde aparece Ayuso.

La presidenta madrileña dispondría además de una oportunidad que ningún otro aspirante tendría con tanta claridad: acudir pocos meses después a sus propias elecciones autonómicas. Si en 2027 vuelve a obtener un resultado contundente en Madrid y conserva el Gobierno regional con comodidad, podría presentarse ante el PP con un argumento extremadamente difícil de combatir: ella no sólo gana elecciones, también gobierna después de ganarlas.

Ese contraste podría convertirse en su principal activo.

Feijóo habría ganado dos generales sin alcanzar La Moncloa. Ayuso podría exhibir una nueva victoria en Madrid, una organización territorial poderosa, una enorme notoriedad nacional y una capacidad probada para competir también por una parte del electorado situado a la derecha del PP.

Por eso el adelanto electoral contiene una paradoja. Sánchez pretende resolver su propio problema político adelantando las urnas, pero podría terminar acelerando también un debate que hasta ahora permanecía aplazado dentro del Partido Popular: la sucesión de Feijóo.

Naturalmente, para Ayuso el mejor escenario institucional para su partido sería que Feijóo gobernara. Pero la política tiene su propia lógica. Si el líder popular vuelve a quedarse a las puertas de La Moncloa, el 29-N podría convertirse no sólo en el final de una etapa, sino en el comienzo de otra.

Ayuso tampoco necesitaría precipitarse. De hecho, su mejor estrategia sería probablemente la contraria: respaldar públicamente a Feijóo, concentrarse en Madrid, ganar sus elecciones en 2027 y dejar que sean los propios dirigentes y militantes del PP quienes comiencen a reclamar una alternativa.

Entonces la discusión ya no sería si Ayuso quiere Génova.

La discusión sería si Génova puede permitirse ignorar a Ayuso.

El adelanto electoral puede, por tanto, producir un efecto que Pedro Sánchez seguramente no buscaba: acortar el calendario político del PP y acercar el momento en el que Isabel Díaz Ayuso tenga que decidir si su proyecto termina en la Puerta del Sol o comienza a mirar definitivamente hacia la calle Génova.

Porque el 29 de noviembre Ayuso no se presenta.

Pero puede terminar jugando una de las partidas más importantes de su carrera.

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