A medida que se acerca el ciclo electoral decisivo, la estrategia de Alberto Núñez Feijóo empieza a generar más preguntas que certezas dentro y fuera del Partido Popular. Sus decisiones —o la ausencia de ellas— están configurando un escenario complejo: mientras el PP gana gobiernos autonómicos, Vox se consolida como socio imprescindible, el Gobierno de Pedro Sánchez sigue intacto y los barones populares observan con preocupación el impacto del nuevo modelo de financiación autonómica.
Autonómicas que refuerzan a Vox
Feijóo ha optado por priorizar el calendario autonómico como vía de desgaste del PSOE. Sin embargo, este enfoque ha tenido un efecto colateral evidente: cada victoria territorial del PP viene acompañada del crecimiento y normalización de Vox como actor clave de gobernabilidad.
Aunque los candidatos populares presidan gobiernos regionales, Vox capitaliza influencia política, agenda y visibilidad, reforzando su posición de cara a unas generales donde el PP necesitaría ampliar su base. El resultado es una paradoja: el PP gobierna más territorios, pero la derecha se fragmenta más.
La moción de censura que nunca llega
En el plano nacional, Feijóo ha descartado de forma reiterada una moción de censura contra Sánchez. Oficialmente, el argumento es institucional: no “regalar” una victoria parlamentaria al presidente ni convertir el Congreso en un escenario dialéctico favorable al PSOE.
En la práctica, esta renuncia es interpretada por Vox como falta de determinación política, y por parte del electorado como una estrategia defensiva que deja a Sánchez gobernar sin un desafío frontal. La ausencia de un golpe político claro refuerza la narrativa de Vox, que acusa al PP de tibieza y se presenta como la única oposición “real”.
La financiación autonómica enciende las alarmas internas
El último elemento de tensión es el nuevo esquema de financiación autonómica impulsado por el Gobierno, que beneficia a Cataluña y penaliza a comunidades gobernadas por el PP. Presidentes autonómicos populares han encendido las alertas ante la posibilidad de recortes efectivos de recursos, con impacto directo en sanidad, educación e infraestructuras.
Este escenario coloca a Feijóo en una posición incómoda: debe liderar la oposición al modelo sin romper el equilibrio interno del partido. Comunidades como Madrid, Andalucía o la Comunidad Valenciana reclaman una respuesta contundente, mientras temen pagar el coste político de decisiones tomadas en Moncloa.
Un liderazgo tensionado de cara a las generales
El resultado global es un liderazgo bajo presión. Feijóo apuesta por la moderación, el largo plazo y la victoria electoral directa, pero el camino elegido tiene riesgos evidentes:
- Vox crece como socio inevitable y competidor electoral.
- Sánchez gana tiempo y estabilidad parlamentaria.
- Los dirigentes territoriales del PP se sienten expuestos financieramente.
De cara a las próximas elecciones generales, el PP se enfrenta a una disyuntiva estratégica: seguir acumulando poder territorial aun a costa de fortalecer a Vox, o asumir un mayor riesgo político en el ámbito nacional para marcar perfil propio frente al PSOE. Por ahora, la sensación dominante es que Feijóo gana tiempo, pero no controla el ritmo, y en política, el tiempo suele decidir el resultado final.


