Pedro Sánchez puede haber perdido la batalla parlamentaria de la vivienda y, sin embargo, haber encontrado el terreno político que necesitaba para afrontar unas elecciones anticipadas.
La pregunta ya no es solo si el Gobierno perdió dos decretos. La cuestión es si esa derrota puede convertirse en el punto de partida de una campaña construida alrededor de la vivienda, la movilización social y una imagen muy concreta: PP, VOX y Junts votando juntos contra las medidas del Ejecutivo.
No hay pruebas de que Sánchez quisiera perder deliberadamente. Pero sí puede analizarse si, una vez asumido que la derrota era probable, Moncloa decidió convertirla en una oportunidad.
De Ceuta a la vivienda
Hace pocas semanas, el Gobierno estaba obligado a disputar la agenda sobre inmigración, fronteras y Ceuta, un terreno especialmente favorable para VOX.
La vivienda cambia por completo el eje político.
Alquileres, desahucios, acceso de los jóvenes a una casa, vivienda pública y grandes propietarios permiten al PSOE construir un conflicto social mucho más útil para movilizar a su base.
La oposición puede responder que Sánchez lleva años gobernando y que el problema se agravó durante su mandato.
Pero el Gobierno dispone de una fotografía política muy sencilla para una campaña: “nosotros intentamos actuar y ellos lo bloquearon”.
Y en una elección, la simplicidad del mensaje importa.
Sánchez no necesita quedar primero
Ese es uno de los grandes errores al analizar una posible convocatoria.
Sánchez no necesita necesariamente superar al PP en votos.
Necesita que PP y VOX no alcancen los 176 diputados.
Después puede volver a intentar una mayoría con PSOE, Sumar, Podemos, ERC, Bildu, PNV, BNG y, dependiendo del resultado, otras fuerzas territoriales.
Eso ya ocurrió en 2023.
Feijóo ganó las elecciones, pero no consiguió formar Gobierno. Sánchez quedó segundo y terminó siendo investido porque reunió una mayoría parlamentaria alternativa.
Por eso, una nueva victoria del PP no garantiza por sí sola un cambio en La Moncloa.
Las encuestas privadas siguen siendo malas para Sánchez
Los sondeos privados sitúan hoy al PSOE claramente por detrás del PP y muestran a VOX creciendo.
El bloque PP-VOX aparece en muchas encuestas cerca o por encima de la mayoría absoluta.
Por tanto, Sánchez no tendría motivos para adelantar elecciones porque crea que las tiene ganadas.
Si las adelantara, la lógica sería otra: buscar el momento menos malo antes de que la legislatura se desgaste todavía más.
Esperar hasta 2027 tampoco garantiza una recuperación.
El PSOE lleva meses moviéndose en niveles inferiores a los obtenidos en 2023 y sus socios de izquierda también han perdido fuerza.
El tiempo, por sí solo, no parece estar resolviendo el problema.
La verdadera reserva está en la abstención
Aquí puede estar la clave.
En las últimas generales votó algo más del 70% del electorado.
Eso significa que existe una enorme bolsa de ciudadanos que no acudieron a las urnas.
Sánchez no necesita convencer exclusivamente a votantes del PP.
Puede intentar recuperar a:
antiguos votantes socialistas hoy abstencionistas, votantes desencantados de Sumar o Podemos, jóvenes preocupados por la vivienda e inquilinos con dificultades para acceder a una casa.
Si consigue movilizar a una parte significativa de esos sectores, el resultado puede cambiar aunque el PP siga siendo la fuerza más votada.
Ese sería el verdadero objetivo de convertir la vivienda en eje electoral.
No tanto robar voto a la derecha como volver a activar a la izquierda.
El voto exterior también cuenta
En unas elecciones ajustadas, el voto de los españoles residentes en el extranjero puede decidir el último escaño de una provincia.
Ya ocurrió en 2023.
El recuento exterior terminó modificando el reparto en Madrid y alteró la aritmética necesaria para la investidura.
No existe razón para considerar ese voto patrimonio del PSOE. Puede beneficiar a cualquiera.
Pero en una elección donde cuatro o cinco diputados pueden decidir quién gobierna, ningún partido puede permitirse ignorarlo.
Por eso una campaña anticipada también tendría que buscar máxima movilización entre los españoles residentes fuera del país.
El error de pensar que Feijóo ya tiene las llaves de Moncloa
PP y VOX parten hoy con ventaja.
Pero una cosa es ganar las elecciones y otra gobernar.
Feijóo ya comprobó esa diferencia en 2023.
Si PP y VOX alcanzan 176 diputados, la discusión termina.
Si quedan en 170, 172 o 174, vuelve a abrirse todo.
Ahí entran nuevamente ERC, Bildu, PNV, BNG, Junts y el resto de la aritmética parlamentaria.
Por eso Sánchez puede plantearse unas elecciones incluso estando por detrás.
Su objetivo no tiene que ser necesariamente:
“ser primero”.
Puede ser:
“evitar que el otro bloque tenga mayoría absoluta”.
¿El 2-O como inicio de campaña?
Si Sánchez ya contemplaba adelantar las generales, necesitaba una explicación política para hacerlo.
La derrota de los decretos puede proporcionársela.
El argumento sería sencillo:
el Gobierno intentó responder a una crisis social, el Congreso bloqueó las medidas y la legislatura ya no permite avanzar.
Después vendría la campaña.
Y el eje ya estaría elegido: vivienda.
Una campaña centrada en jóvenes que no pueden emanciparse, familias que destinan gran parte de sus ingresos al alquiler y ciudadanos que reclaman más vivienda pública puede resultar mucho más favorable para el PSOE que una campaña dominada por inmigración, Ceuta o la debilidad parlamentaria del Ejecutivo.
Eso no significa que vaya a funcionar.
Pero explica por qué Sánchez podría considerar que ahora es un momento más útil que esperar un año.
La verdadera pregunta
El error sería pensar que unas elecciones anticipadas equivalen automáticamente a una despedida de Sánchez.
Las encuestas dicen hoy que Feijóo tiene ventaja.
Pero las elecciones se ganan también con participación, movilización, abstención, voto exterior, reparto provincial y capacidad de formar mayorías después.
Sánchez ya demostró una vez que puede perder frente a Feijóo y seguir en La Moncloa.
Por eso, si finalmente adelanta las elecciones, la pregunta no será únicamente quién obtiene más votos.
Será otra:
¿Puede Sánchez movilizar suficiente voto progresista para impedir que PP y VOX lleguen a 176?
Si la respuesta es sí, la partida seguirá abierta.
Y la vivienda puede ser precisamente el tema con el que intente jugar esa última mano.


