Álvaro de Lamadrid: «Ni candidatura ni asiento: Espert no pasa la puerta del Congreso».
Álvaro de Lamadrid, fue categórico al analizar la situación del diputado nacional José Luis Espert, a quien dio por terminado políticamente: “Espert tiene los días contados en la política. Seguramente se baje de la candidatura a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires por imposición de La Libertad Avanza (LLA). Y en caso de no hacerlo, será marginado de la campaña. Cuando intente asumir dentro del arco opositor en la Cámara de Diputados, se lo van a impedir. Espert está game over en política”.
De Lamadrid comparó la coyuntura actual con los tiempos del kirchnerismo, asegurando que “una vez más no debatimos el futuro, sino los escándalos de corrupción del gobierno, de sus funcionarios, sus vínculos con el narcotráfico y la desesperación de candidatos que buscan fueros para no ir presos”.
El dirigente opositor fue tajante: “Nada ha cambiado en la Argentina. La corrupción no es agua pasada. La verdadera dicotomía es entre quienes queremos justicia y castigo a los corruptos y quienes se pelean para ver quién es más corrupto y estafador”.
Asimismo, lanzó duras críticas contra Espert y contra el oficialismo de Milei: “La defensa de Espert es tan improvisada como el gobierno de La Libertad Avanza. Con qué poco el peronismo te gana una elección: solo usando lo que era un secreto a voces, que Karina era la coimera y que Espert había sido financiado por el narcotráfico. Con eso inhabilitan a un candidato, lo sacan de campaña y destruyen cualquier chance del gobierno”.
En este sentido, De Lamadrid concluyó que la política argentina continúa atrapada en los mismos patrones: corrupción, escándalos y una lucha por fueros que, según afirmó, “termina siendo un salvoconducto para delincuentes disfrazados de políticos”.
Álvaro de Lamadrid: «La pieza que falta en el puzle del dólar es la credibilidad, no otro préstamo».
Álvaro de Lamadrid, advirtió que el Gobierno actual repite los mismos errores de siempre y agrava la crisis económica del país.
“El experto en crecimiento sin dinero terminó quedándose sin dólares. Porque gobernar no es ir de panelista a un programa de televisión y decir cualquier cosa: es tener un plan, credibilidad y coraje para cortar de raíz con la corrupción”, subrayó.
De Lamadrid señaló que las reservas se agotaron por una gestión sin rumbo: “Se quedaron sin reservas porque levantaron el cepo sin rumbo, las inversiones nunca llegaron porque nunca fueron creíbles y el mundo lo sabía. Por eso tuvieron que ir al FMI y hasta pedirle dólares a Trump”.
Asimismo, denunció que la corrupción nunca fue erradicada sino que se consolidó con nuevos protagonistas: “Perdonaron la corrupción del kirchnerismo y ahora continúa de la mano de Karina y los Menem en este gobierno”.
Finalmente, remarcó que las promesas actuales carecen de sustento real: “Los dólares que prometen hoy no son más que un parche: la corrupción sigue siendo el verdadero motor detrás de todas sus decisiones”.
Álvaro de Lamadrid: «Karina es la cajera sin ticket».
Álvaro de Lamadrid, volvió a cuestionar con dureza al gobierno de Javier Milei y, en particular, al rol de su hermana Karina, a quien definió como “la cajera sin ticket”.
“Desde la campaña lo advertimos: no solo vendieron candidaturas y cobraban por entrevistas o reuniones con Milei, sino que recaudaban de cualquier lado porque no pensaban llegar al poder”, denunció.
Según de Lamadrid, esa lógica se profundizó al llegar a la Casa Rosada: “Siguieron recaudando con la ayuda invalorable de los Menem, que ya tenían el gran expertise para los curros y las coimas en el Estado. Le podrán decir Martín o Lule, pero son los Menem”.
El dirigente aseguró que la alianza entre los Milei, los Menem y Santiago Caputo prolonga el mismo sistema de recaudación y coimas que en su momento evidenció la Causa Cuadernos. “Es la misma unidad centralizada de coimas que los Kirchner crearon en la Rosada”, sostuvo.
De Lamadrid enumeró distintos casos donde, según él, el gobierno libertario reprodujo ese modus operandi: “Las coimas en la pesca que generaron un conflicto con Estados Unidos; las coimas con el carbón que abrieron un problema con Israel; los negocios inmobiliarios y los pozos petroleros, siempre con la misma metodología”.
Finalmente, advirtió sobre las consecuencias políticas de este modelo:
“Tenemos que dar una alternativa verdaderamente democrática contra este poder corrupto que promueve una economía cinética. No son los que vienen a ponerle un clavo al cajón del kirchnerismo, son sus herederos, los continuadores de una forma de ejercer y concebir el poder y la política que siempre hará perder a nuestra democracia”.
Álvaro de Lamadrid: «Menemistas y kirchneristas, ahora libertarios por oportunismo».
Álvaro de Lamadrid, manifestó que lo que estamos viendo —y que siempre denuncié con claridad— no es otra cosa que “el peronismo transformado, nunca ausente”. Milei no destruye al peronismo: lo recicla en su propia estructura política. Como dije tantas veces, “el peronismo muta, pero nunca se va”.
Hoy las listas de La Libertad Avanza están plagadas de reciclados: Menemistas, Kirchneristas, ex PRO y Radicales con peluca, tránsfugas y arribistas. Todos oportunistas. Desde aquellos cuadros menemistas que hoy se presentan como “libertarios” tras haber justificado el neoliberalismo de los ’90, hasta los ex kirchneristas reconvertidos, pasando por dirigentes del PRO que buscan un nuevo espacio para subsistir.
Lo más grave es que ya no predominan las convicciones: hoy son más los borocotó, y las excepciones son quienes todavía creen en ideas y principios.
Milei, que prometió dinamitar la casta, terminó abrazándola. Convirtió su espacio en un refugio de oportunistas, de reciclados políticos que cambian de camiseta según la conveniencia.
En definitiva, lo que se ofrece como “nueva política” no es más que el reciclaje de lo viejo: menemistas, kirchneristas y ex PRO disfrazados de libertarios. La Argentina necesita dirigentes con valores firmes, no oportunistas que solo buscan un cargo.
Álvaro de Lamadrid: «El peronismo muta, pero nunca se va».
El peronismo ha demostrado una asombrosa capacidad de mutación. Como los Transformers, cambia de forma, de cara, de discurso y de sigla, pero siempre permanece en el centro del poder. Cada vez que la ciudadanía busca un cambio, el Partido Justicialista (PJ) se reinventa para ofrecer una “falsa opción” o una “tercera vía” que termine conteniendo o dividiendo al voto opositor.
El esquema se repitió con precisión milimétrica. En los ’90, el FREPASO captó a los desencantados del menemismo y terminó facilitando su reelección. Más tarde, el mismo FREPASO se unió a la UCR para formar la Alianza, debilitando al radicalismo y facilitando el retorno del PJ bajo otro disfraz: el kirchnerismo.
La historia se repitió con Macri, que fue presentado como el cambio, pero cuyo entorno y estilo de gobierno reprodujeron viejas lógicas peronistas. Y ahora con Milei, que, con discurso rupturista y lenguaje extremo, llegó al poder gracias al rechazo a Massa, pero con vínculos, financistas y operadores provenientes del propio peronismo. Otra mutación, otro disfraz.
La constante es clara: cuando el republicanismo se organiza, el PJ inventa una nueva versión de sí mismo. Las etiquetas cambian, pero el poder sigue concentrado en los mismos resortes: manipulación del Estado, colonización de la Justicia, ataque a los medios, captura de las instituciones.
La Argentina no puede seguir atrapada en esta lógica de reciclaje permanente del poder peronista. Ni Macri fue el cambio real, ni Milei lo es hoy. Ambos son consecuencias de una oposición que no supo construir una alternativa firme, coherente y sin dobleces.
No se puede combatir al kirchnerismo con peronismo edulcorado ni con libertarios diseñados desde los sótanos del poder. Necesitamos dirigentes con convicciones, que no se arrodillen ante las encuestas ni jueguen a dos puntas.
Menem privatizó las empresas del Estado; los Kirchner privatizaron el Estado para sí mismos; y Milei lo está desmantelando para transferírselo a intereses privados bajo el lema de “libertad”.
La resistencia no es ideológica, es institucional. No hay futuro con pactos de impunidad, atajos ni transformismos. Argentina está enferma de peronismo en todas sus versiones, y no se cura con parches.
Álvaro de Lamadrid: «Peronismo en Maletas: Amira, Bereziuk y Arrieta, el guion que nunca cambia».
No importa si estás leyendo esto en los años 90 o en el 2025. La escena se repite con una precisión escalofriante. El peronismo, en todas sus mutaciones —menemismo, kirchnerismo o mileismo— mantiene una constante que ya es parte de su ADN político: las valijas, y que no pasen por migraciones.
Desde las valijas diplomáticas del menemismo, pasando por el escándalo Antonini Wilson de 2007 –con la participación estelar de Victoria Bereziuk – hasta las valijas de Arrieta, el método no cambia: roban, ocultan y se fugan. Eso sí, siempre por fuera de los controles y al margen de la ley.
La valija es el símbolo perfecto de la impunidad peronista. Una metáfora literal del saqueo sistemático del Estado. No se trata solo de corrupción: es una cultura de poder basada en la impunidad, el blindaje político y el desprecio por las instituciones.
Hoy, bajo el disfraz del «mileismo», el modelo continúa. Cambian los discursos, los slogans y los jefes de campaña, pero la lógica del poder es la misma: apropiarse del Estado como botín, protegerse entre ellos y escapar cada vez que asoma la Justicia.
Álvaro de Lamadrid: «Menem, Kirchner y la impunidad: una deuda histórica con las víctimas del terrorismo»
En el análisis sobre la responsabilidad política en los atentados terroristas contra la Embajada de Israel y la AMIA, ocurridos durante el gobierno de Carlos Menem, es imprescindible considerar el contexto completo y las actitudes posteriores de los gobiernos.
Durante la presidencia de Menem se produjeron ambos ataques, hechos que marcaron la historia de Argentina. Además, su hijo Carlos Menem Jr. fue asesinado en circunstancias que inicialmente el propio expresidente negó como atentado, para luego reconocer años después de dejar la presidencia que se trató de un asesinato, dejando en evidencia incumplimientos y ocultamientos.
Por otro lado, ni Cristina ni Néstor Kirchner nunca tuvieron la intención de llegar a la verdad sobre lo ocurrido en la Embajada de Israel y la AMIA. El memorándum firmado durante el gobierno de Cristina Kirchner, que otorgó impunidad a los responsables, es una clara muestra de ello.
Tampoco puede omitirse la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero, ocurrida durante el menemismo, que tuvo como objetivo encubrir la venta ilegal de armas a Ecuador y Croacia. Este hecho no solo destruyó pruebas clave, sino que también provocó muertes y graves daños en la población civil. Menem estaba en el poder y fue parte central de esa maniobra de encubrimiento.
Por eso, cuando Javier Milei señala a Cristina Kirchner como responsable, debe tener cuidado de no omitir que Carlos Menem, a quien tanto admira, fue parte fundamental del encubrimiento y la impunidad que permitió que estos hechos quedaran sin justicia.
No se trata de dividir responsabilidades para sacar ventaja política, sino de exigir verdad y justicia de manera integral y sin dobles discursos. Argentina merece respeto por su memoria, justicia para sus víctimas y un compromiso real con la verdad histórica.
Álvaro de Lamadrid: «Balbín fue preso por pensar. Cristina, por robar».
Por Álvaro de Lamadrid
La historia argentina ofrece ejemplos que sirven como advertencia, como guía y como espejo. Hoy más que nunca, cuando el debate sobre la corrupción, el populismo y la ética pública vuelve al centro de la escena, vale la pena marcar la diferencia fundamental entre dos figuras que representan modelos opuestos de hacer política: Ricardo Balbín y Cristina Fernández de Kirchner.
Ricardo Balbín fue un preso político. Un hombre que fue encarcelado por sus ideas, por su lucha democrática, por su compromiso con la institucionalidad en tiempos donde defender la República era un acto de valentía. Su figura puede ser debatida, como la de cualquier político, pero no hay en su trayectoria un solo hecho de corrupción ni mancha en su honor. En lo económico, su tiempo y sus ideas estuvieron dentro de lo razonable. En lo político, su legado es incuestionable: diálogo, república, dignidad.
Cristina Kirchner, en cambio, es una política procesada por corrupción. Su gobierno no dejó más que un país arrasado institucional y económicamente. Durante años usó el poder no para servir, sino para protegerse. Hoy enfrenta causas judiciales por delitos graves que van desde la asociación ilícita hasta la administración fraudulenta. Su gestión no dejó una sola reforma institucional que fortalezca a la democracia. Su relato se sostiene en la victimización, no en los hechos.
La diferencia es profunda y contundente:
- Balbín fue perseguido por sus ideas; Cristina está señalada por sus delitos.
- Balbín fue un preso político; Cristina es una política presa.
- Balbín representa la dignidad republicana; Cristina, el colapso moral del poder.
Es urgente que los argentinos recuperemos la claridad moral y política para distinguir entre quienes fueron víctimas del autoritarismo por defender la democracia, y quienes, desde el poder, la destruyeron desde adentro. No es lo mismo tener convicciones que tener causas penales. No es lo mismo la historia que la impunidad.


