Hasta Menem le habría pedido la renuncia a Adorni.
La crisis que envuelve a Manuel Adorni ya no es únicamente un problema judicial o patrimonial. Es, sobre todo, un problema político.
Durante meses, Javier Milei construyó buena parte de su capital político sobre una promesa sencilla de entender para los argentinos: terminar con los privilegios, los abusos y las prácticas de una dirigencia que había perdido toda credibilidad. Sin embargo, cuando uno de sus principales colaboradores quedó envuelto en una sucesión de escándalos vinculados a viajes, patrimonio y declaraciones contradictorias, la reacción presidencial fue cerrar filas y sostenerlo en el cargo.
Adorni sostiene que no cometió ningún delito. Afirma que los fondos cuestionados provenían de ahorros e inversiones en criptomonedas realizadas antes de llegar al Gobierno y denuncia una operación política y mediática en su contra. Milei, por su parte, asegura que no piensa condenar a un funcionario sin pruebas concluyentes ni sentencia judicial.
Sus detractores, en cambio, señalan que el problema ya no es únicamente legal. La discusión gira sobre la credibilidad. Porque un funcionario que primero asegura tener todo declarado y después admite haber omitido informar cientos de miles de dólares genera una crisis de confianza difícil de ignorar.
Y es ahí donde aparece una comparación incómoda para el propio oficialismo.
Javier Milei nunca ocultó su admiración por Carlos Menem. Sin embargo, incluso durante los años más cuestionados del menemismo, la lógica política indicaba que un funcionario convertido en un problema cotidiano para el Gobierno terminaba dejando el cargo para evitar que el escándalo contaminara al conjunto de la administración.
Menem gobernó rodeado de causas judiciales, denuncias de corrupción, funcionarios procesados y episodios que marcaron una de las etapas más controvertidas de la democracia argentina. Sin embargo, la supervivencia política de un gobierno exigía, al menos, preservar la autoridad presidencial apartando a quienes se convertían en un pasivo político.
Hoy la situación parece invertida. Mientras crecen las denuncias, las contradicciones y los pedidos de explicaciones, Milei ha decidido convertir la defensa de Adorni en una cuestión personal.
La pregunta ya no es si Adorni podrá demostrar judicialmente el origen de su patrimonio. La pregunta es cuánto costo político está dispuesto a pagar Milei para sostenerlo.
Porque en política existe una máxima tan antigua como vigente: cuando un funcionario se transforma en noticia por sus problemas y no por su gestión, deja de ser un activo para convertirse en un problema para quien lo mantiene en el cargo.
Álvaro de Lamadrid: «Menem, Kirchner y la impunidad: una deuda histórica con las víctimas del terrorismo»
En el análisis sobre la responsabilidad política en los atentados terroristas contra la Embajada de Israel y la AMIA, ocurridos durante el gobierno de Carlos Menem, es imprescindible considerar el contexto completo y las actitudes posteriores de los gobiernos.
Durante la presidencia de Menem se produjeron ambos ataques, hechos que marcaron la historia de Argentina. Además, su hijo Carlos Menem Jr. fue asesinado en circunstancias que inicialmente el propio expresidente negó como atentado, para luego reconocer años después de dejar la presidencia que se trató de un asesinato, dejando en evidencia incumplimientos y ocultamientos.
Por otro lado, ni Cristina ni Néstor Kirchner nunca tuvieron la intención de llegar a la verdad sobre lo ocurrido en la Embajada de Israel y la AMIA. El memorándum firmado durante el gobierno de Cristina Kirchner, que otorgó impunidad a los responsables, es una clara muestra de ello.
Tampoco puede omitirse la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero, ocurrida durante el menemismo, que tuvo como objetivo encubrir la venta ilegal de armas a Ecuador y Croacia. Este hecho no solo destruyó pruebas clave, sino que también provocó muertes y graves daños en la población civil. Menem estaba en el poder y fue parte central de esa maniobra de encubrimiento.
Por eso, cuando Javier Milei señala a Cristina Kirchner como responsable, debe tener cuidado de no omitir que Carlos Menem, a quien tanto admira, fue parte fundamental del encubrimiento y la impunidad que permitió que estos hechos quedaran sin justicia.
No se trata de dividir responsabilidades para sacar ventaja política, sino de exigir verdad y justicia de manera integral y sin dobles discursos. Argentina merece respeto por su memoria, justicia para sus víctimas y un compromiso real con la verdad histórica.

